logo.png
logo.png

El precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI) superó este 20 de marzo de 2026 los 114 dólares por barril, alcanzando su nivel más alto desde 2022. El incremento se produjo tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien advirtió que Estados Unidos mantendrá la presión militar sobre Irán hasta lograr la neutralización completa de su programa nuclear y balístico.

El precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI) superó este 20 de marzo de 2026 los 114 dólares por barril, alcanzando su nivel más alto desde 2022. El incremento se produjo tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien advirtió que Estados Unidos mantendrá la presión militar sobre Irán hasta lograr la neutralización completa de su programa nuclear y balístico.

El precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI) superó este 20 de marzo de 2026 los 114 dólares por barril, alcanzando su nivel más alto desde 2022. El incremento se produjo tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien advirtió que Estados Unidos mantendrá la presión militar sobre Irán hasta lograr la neutralización completa de su programa nuclear y balístico.

Analistas del mercado atribuyen el alza a la incertidumbre generada por la posible interrupción del suministro desde el Golfo Pérsico, especialmente ante las amenazas de Irán de afectar el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial.

Trump, por su parte, minimizó el impacto económico al afirmar que “el precio del petróleo subirá temporalmente, pero valdrá la pena por la seguridad a largo plazo”.

México es un país importador neto de gasolina y altamente sensible a las variaciones en los precios internacionales del petróleo. Un barril por encima de los 114 dólares genera presiones inflacionarias directas en combustibles y transporte, lo que afecta el costo de la canasta básica y el poder adquisitivo de millones de familias mexicanas. Este nuevo repunte se suma a los efectos ya observados por el conflicto en Medio Oriente y refuerza la necesidad de una política energética que reduzca la vulnerabilidad externa y priorice la soberanía y la estabilidad de los precios para los consumidores nacionales.