Irán ha intensificado su ofensiva regional lanzando misiles y drones contra instalaciones en nueve países, incluyendo Israel, bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudita, así como objetivos en Chipre, Iraq y Líbano a través de sus aliados como Hezbolá.
Irán ha intensificado su ofensiva regional lanzando misiles y drones contra instalaciones en nueve países, incluyendo Israel, bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudita, así como objetivos en Chipre, Iraq y Líbano a través de sus aliados como Hezbolá.


Irán ha intensificado su ofensiva regional lanzando misiles y drones contra instalaciones en nueve países, incluyendo Israel, bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudita, así como objetivos en Chipre, Iraq y Líbano a través de sus aliados como Hezbolá. La acción, en represalia por la operación conjunta de EE.UU. e Israel que causó la muerte del ayatolá Alí Jameneí, ha generado cientos de muertes, con la Media Luna Roja reportando 787 en Irán. Además, Teherán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz, amenazando con atacar buques que transiten por esta ruta vital, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, lo que ha disparado los precios del crudo por encima de los 84 dólares por barril y afectado cadenas de suministro globales.
En contexto, esta escalada resalta los riesgos de dependencias energéticas en regiones inestables, donde acciones unilaterales pueden perpetuar ciclos de conflicto que impactan economías familiares y globales, subrayando la necesidad de alianzas estratégicas sólidas para mantener la seguridad y el flujo comercial esencial.
