La residencia oficial de la embajada de México en Londres, conocida como “La Mansión del Duque” por su ubicación en Belgrave Square —una de las zonas más exclusivas de la capital británica—, es la propiedad diplomática más costosa del gobierno mexicano. Su mantenimiento anual supera los 40 millones de pesos.
La residencia oficial de la embajada de México en Londres, conocida como “La Mansión del Duque” por su ubicación en Belgrave Square —una de las zonas más exclusivas de la capital británica—, es la propiedad diplomática más costosa del gobierno mexicano. Su mantenimiento anual supera los 40 millones de pesos.


La residencia oficial de la embajada de México en Londres, conocida como “La Mansión del Duque” por su ubicación en Belgrave Square —una de las zonas más exclusivas de la capital británica—, es la propiedad diplomática más costosa del gobierno mexicano. Su mantenimiento anual supera los 40 millones de pesos.
Durante seis meses, entre octubre de 2021 y abril de 2022, el hijo del entonces canciller Marcelo Ebrard, Marcelo Patrick Ebrard Ramos, residió en esta mansión con todos los gastos pagados por el erario: habitación principal, servicio de limpieza diario, lavandería y alimentación preparada por personal de la residencia.
El valor de mercado de una estancia similar en esa zona supera los 80 mil pesos mensuales. La revelación ha generado cuestionamientos sobre el uso de bienes públicos para beneficio familiar.
Las residencias diplomáticas son patrimonio de todos los mexicanos y deben destinarse exclusivamente a funciones de representación del Estado. Que el hijo de un alto funcionario haya vivido con ese nivel de comodidad durante medio año, mientras el gobierno promovía el discurso de la austeridad republicana, genera una profunda preocupación sobre la congruencia entre el discurso y la práctica. En un país donde millones de familias enfrentan dificultades económicas y donde los recursos públicos deben usarse con máxima responsabilidad, este tipo de casos contrastan fuertemente con el mensaje oficial y refuerzan la percepción de que, para algunos, las reglas parecen aplicarse de manera distinta según la cercanía al poder. La transparencia en el uso de bienes diplomáticos es fundamental para preservar la confianza ciudadana.
