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Datos oficiales del INEGI y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman que en México el uso de armas de fuego es el principal medio en la mayoría de los homicidios dolosos. En el primer semestre de 2025, el 71.9% de los homicidios se cometieron con disparo de arma de fuego, lo que equivale a más de 10 mil casos en solo seis meses.

Datos oficiales del INEGI y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman que en México el uso de armas de fuego es el principal medio en la mayoría de los homicidios dolosos. En el primer semestre de 2025, el 71.9% de los homicidios se cometieron con disparo de arma de fuego, lo que equivale a más de 10 mil casos en solo seis meses.

Datos oficiales del INEGI y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman que en México el uso de armas de fuego es el principal medio en la mayoría de los homicidios dolosos. En el primer semestre de 2025, el 71.9% de los homicidios se cometieron con disparo de arma de fuego, lo que equivale a más de 10 mil casos en solo seis meses.

Aunque la tasa general de homicidios ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos meses, la proporción de muertes por arma de fuego se mantiene muy elevada. En contraste, en Estados Unidos la tasa de homicidios con arma de fuego es considerablemente menor en términos relativos, a pesar de que el número absoluto de muertes por arma es alto debido a su población y a la inclusión de suicidios en las estadísticas generales.

La diferencia radica en que en México la inmensa mayoría de los homicidios dolosos están vinculados al crimen organizado y al fácil acceso a armas de fuego de alto poder que ingresan desde el exterior.

La violencia armada en México no es un problema de “cultura de las armas” como a veces se presenta en el debate internacional, sino el resultado directo de la pérdida de control territorial por parte del Estado frente al crimen organizado. Cuando más de siete de cada diez homicidios se cometen con arma de fuego, queda claro que el problema central es la impunidad, la infiltración de cárteles en instituciones y la debilidad en el control de fronteras y aduanas. Estados Unidos, a pesar de su alta disponibilidad de armas legales, registra tasas de homicidio por arma de fuego mucho más bajas porque cuenta con un Estado de derecho más sólido y mayor capacidad para perseguir y sancionar a los delincuentes. Para México, reducir la violencia letal requiere recuperar el monopolio legítimo de la fuerza por parte del Estado, desmantelar las redes criminales y aplicar la ley sin distinciones ni simulaciones. La protección de la vida de los mexicanos debe ser la prioridad absoluta, más allá de cualquier narrativa que busque externalizar las responsabilidades.