Un grupo de funcionarios y militantes cercanos a Marcelo Ebrard ha lanzado en redes sociales una campaña titulada “Ebrard no está solo”, en respuesta a las crecientes críticas por el escándalo de que su hijo residiera durante seis meses en la residencia oficial de la embajada de México en Londres, con todos los gastos pagados por el erario.
Un grupo de funcionarios y militantes cercanos a Marcelo Ebrard ha lanzado en redes sociales una campaña titulada “Ebrard no está solo”, en respuesta a las crecientes críticas por el escándalo de que su hijo residiera durante seis meses en la residencia oficial de la embajada de México en Londres, con todos los gastos pagados por el erario.


Un grupo de funcionarios y militantes cercanos a Marcelo Ebrard ha lanzado en redes sociales una campaña titulada “Ebrard no está solo”, en respuesta a las crecientes críticas por el escándalo de que su hijo residiera durante seis meses en la residencia oficial de la embajada de México en Londres, con todos los gastos pagados por el erario.
La campaña incluye mensajes, videos y publicaciones en X y Facebook donde se defiende al secretario de Economía, se le califica de “víctima de una campaña de desprestigio” y se afirma que “los ataques buscan debilitar al movimiento”. Varios perfiles identificados con Morena han replicado el hashtag #EbrardNoEstáSolo en las últimas horas.
El propio Ebrard ha guardado silencio sobre el tema en sus redes, mientras que su hijo continúa sin emitir declaraciones.
El caso del hijo de Ebrard viviendo con lujo en la embajada de Londres a costa del dinero de los contribuyentes ha generado un fuerte rechazo ciudadano. La rápida activación de una campaña de defensa coordinada en redes refleja la costumbre de ciertos círculos del oficialismo de responder a cualquier señalamiento con narrativas de “ataque político” en lugar de ofrecer una explicación clara y transparente sobre el uso de bienes públicos. En un gobierno que ha hecho de la austeridad uno de sus principales estandartes, este tipo de episodios y sus respuestas defensivas erosionan la credibilidad del discurso oficial y refuerzan la percepción de que, cuando se trata de figuras cercanas al poder, las reglas parecen aplicarse de manera distinta. La ciudadanía exige rendición de cuentas reales, no campañas de solidaridad mediática.
