Roberto Velasco Álvarez, subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sostuvo una llamada telefónica con el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, con el objetivo de “reforzar los lazos de amistad y cooperación” entre México y Cuba.
Roberto Velasco Álvarez, subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sostuvo una llamada telefónica con el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, con el objetivo de “reforzar los lazos de amistad y cooperación” entre México y Cuba.


Roberto Velasco Álvarez, subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sostuvo una llamada telefónica con el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, con el objetivo de “reforzar los lazos de amistad y cooperación” entre México y Cuba.
Durante la conversación, ambas partes coincidieron en la importancia de mantener la solidaridad entre los pueblos latinoamericanos y en continuar con los envíos de ayuda humanitaria desde México hacia la isla, a pesar de las críticas que ha generado esta política dentro y fuera del país.
Velasco Álvarez destacó la “histórica relación de hermandad” entre ambas naciones y ratificó el compromiso de México con el “pueblo cubano”, evitando referirse directamente al gobierno de Miguel Díaz-Canel como régimen.
Este tipo de acercamientos diplomáticos se producen mientras Cuba atraviesa una profunda crisis energética y económica que ha generado apagones masivos y escasez de bienes básicos. México ha enviado miles de toneladas de ayuda humanitaria a la isla en los últimos meses, utilizando recursos públicos en un momento en que el país enfrenta sus propios retos de pobreza, salud e infraestructura. La insistencia en fortalecer los lazos con el gobierno cubano, a pesar de su carácter autoritario y de su prolongada incapacidad para garantizar el bienestar de su población, genera legítimos cuestionamientos sobre el orden de prioridades de la política exterior mexicana y sobre la conveniencia de destinar esfuerzos y recursos a un régimen que ha demostrado su ineficiencia durante más de seis décadas.
