Más del 61% de los 48 estados continentales de Estados Unidos se encuentra actualmente en condiciones de sequía de moderada a excepcional, según el más reciente informe del U.S. Drought Monitor. Esta cifra representa el nivel más alto registrado para esta época del año desde que comenzó el monitoreo en 2000.
Más del 61% de los 48 estados continentales de Estados Unidos se encuentra actualmente en condiciones de sequía de moderada a excepcional, según el más reciente informe del U.S. Drought Monitor. Esta cifra representa el nivel más alto registrado para esta época del año desde que comenzó el monitoreo en 2000.


Más del 61% de los 48 estados continentales de Estados Unidos se encuentra actualmente en condiciones de sequía de moderada a excepcional, según el más reciente informe del U.S. Drought Monitor. Esta cifra representa el nivel más alto registrado para esta época del año desde que comenzó el monitoreo en 2000.
La sequía afecta especialmente al sureste del país (97% de la región) y al oeste (dos tercios del territorio), con condiciones que se han agravado por las temperaturas récord de marzo y la escasez de precipitaciones. Las autoridades advierten que la situación podría empeorar con la llegada del verano, aumentando el riesgo de incendios forestales, restricciones severas en el uso del agua y alzas en los precios de alimentos.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) ha señalado que esta es una de las sequías más extensas y tempranas en décadas, afectando a más de 148 millones de personas.
Una sequía de esta magnitud en el principal socio comercial de México tiene repercusiones directas en la economía regional. La reducción en la producción agrícola estadounidense puede elevar los precios de granos, carne y otros alimentos básicos que México importa en grandes volúmenes, afectando la canasta familiar y la inflación. Además, la crisis hídrica en el oeste de EE.UU. genera tensiones en el manejo compartido de ríos como el Colorado, del cual depende una parte importante del noroeste mexicano. Este fenómeno recuerda que los desafíos ambientales no respetan fronteras y que México, vulnerable a la variabilidad climática, debe fortalecer su infraestructura de almacenamiento de agua, modernizar sus sistemas de riego y diversificar su producción agrícola para reducir la dependencia externa y proteger la seguridad alimentaria de las familias mexicanas.
