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Durante la administración de Claudia Sheinbaum como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se registró el sacrificio de más de 9 mil perros y gatos callejeros en los centros de control animal de la capital.

Durante la administración de Claudia Sheinbaum como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se registró el sacrificio de más de 9 mil perros y gatos callejeros en los centros de control animal de la capital.

Durante la administración de Claudia Sheinbaum como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se registró el sacrificio de más de 9 mil perros y gatos callejeros en los centros de control animal de la capital.

De acuerdo con datos obtenidos a través de solicitudes de información y reportes de organizaciones animalistas, la eutanasia masiva se aplicó principalmente a animales considerados en situación de riesgo sanitario o con conductas agresivas, aunque activistas denuncian que muchos de los sacrificios se realizaron sin agotar opciones de esterilización, adopción o rehabilitación.

La cifra ha generado fuerte indignación entre defensores de los derechos animales, quienes cuestionan la efectividad y la ética de estas medidas en una ciudad que promovía el bienestar animal como parte de su agenda.

La protección a los animales callejeros representa un desafío complejo en las grandes ciudades, donde el abandono y la falta de responsabilidad de los dueños generan problemas de salud pública y sufrimiento animal. Sin embargo, el sacrificio masivo de más de 9 mil perros y gatos durante una gestión que se presentó como progresista y sensible a las causas sociales genera una profunda preocupación ética. La sociedad mexicana ha avanzado notablemente en la conciencia sobre el bienestar animal, reconociendo a los seres vivos como seres sintientes. En este marco, priorizar la eutanasia por encima de políticas masivas de esterilización, adopción responsable y educación ciudadana refleja una visión que, aunque argumenta control sanitario, resulta cuestionable desde el punto de vista humanitario. Las autoridades tienen la responsabilidad de buscar soluciones dignas y preventivas que respeten la vida animal, en lugar de recurrir sistemáticamente a su eliminación cuando otras alternativas existen.